Una pareja quería tener hijos pero tenían un problema. El problema
era que el hombre tenía una doble alteración que dañaba a 9 de cada 10
espermatozoides. Esos espermatozoides sufrían anomalías en la información y por ello luego la mujer tenía abortos.
No abandonaron y consiguieron a una preciosa niña llamada Esthel.
Fueron a la Clínica
Eugin de Barcelona y mediante técnicas de fecundación in vitro y diagnóstico
genético implatacional consiguieron el primer bebé en el mundo por estos métodos.
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