En el campo de cómo sustituir a los antibióticos
por virus que maten a las bacterias, científicos del Centro Nacional de
Biotecnología del CSIC (CNB) estudian las proteínas que permiten a esos
virus bacteriófagos anclarse sobre la superficie de las bacterias.
Como cada bacteriófago se adhiere de forma muy específica a
una especie concreta de bacteria, su primer paso ha sido estudiar el mecanismo por
el que los bacteriófagos se ubican sobre la bacteria y la posición que toman en su
membrana antes de destruirla. En este sentido, el grupo de Mark van
Raaij ha analizado con precisión la estructura de las fibras mediante las
que el bacteriófago T7 se une a las bacterias, comprobándose que están formadas
por tres unidades de una misma proteína que determinan un área justo antes de
la zona de unión a las bacterias y confieren a las mismas la flexibilidad
necesaria para que el virus se ancle correctamente sobre la pared bacteriana.
El desvelar la estructura de una de estas proteínas, el
análisis de la especificidad con la que se unen a las diferentes bacterias y
una vez detectados los mutantes que eliminan específicamente a las bacterias
patógenas se podrán generar en grandes cantidades bacteriófagos que contengan
mutaciones aleatorias en las zonas que determinan su unión a las bacterias y
hacer posible su uso como tratamiento.
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