Según los estudios, y distintos resultados, de los miles de
expertos en bioelectromagnetismo que están trabajando en todo el mundo, los
humanos somos seres bioquímicos y biomagnéticos, porque nuestras células
funcionan a base de bioelectricidad y, por tanto, generan magnetismo. Es por
esto, que en cada una de nuestras células se forman campos electromagnéticos,
que pueden ser influidos por campos externos.
Controlados y
modulados adecuadamente, estos campos electromagnéticos pueden ser utilizados
para tratar diferentes enfermedades y patologías, incluso las
neurodegenerativas.
Las neuronas, son las células de nuestro sistema nervioso y
fabrican energía eléctrica como las demás. Como consecuencia del movimiento de
esa energía eléctrica las células producen magnetismo. Por lo tanto, también
pueden ser influidas y ayudadas por campos electromagnéticos externos.
Las neuronas reciben, almacenan y transmiten, información a
través de las sinapsis, que es como se denomina a los contactos que se
establecen entre ellas para realizar la transmisión de dicha información.
Estos contactos o sinapsis, se forman de distintos modos. El
contacto bioquímico es el más evolucionado y conocido. Éste es el que llevan a
cabo los neurotransmisores. A veces, por fallos bioquímicos producidos por alguna
enfermedad, la información no se transmite bien de una neurona a otra.
Es entonces, cuando al fallar la química, podemos recurrir a
la posibilidad eléctrica.
Así que, con un campo electromagnético, podemos ayudar a las
neuronas a que vuelvan a comunicarse y enviarse la información correcta.
Este es un método extensamente probado, inocuo y no
invasivo.
El campo electromagnético modulado, siguiendo las Leyes de
Faraday, que basaba su observación, en que la electricidad puede convertirse en
magnetismo, y el magnetismo en electricidad, atraviesa nuestra piel formada por
células, y mediante la conexión de una célula con otra, como si se tratara de
un tan-tan, llevan su electricidad y su buen hacer hasta lo más recóndito de
nuestro organismo, sin someter al usuario a ninguna intervención quirúrgica ni
invadir nuestro organismo, con la química que, siendo muy efectiva, en
ocasiones puede producir efectos secundarios.
La aplicación de campos electromagnéticos para el beneficio
de la salud obtiene resultados, la mayoría de las veces, sorprendentes.
Estos campos electromagnéticos son de muy baja intensidad,
casi ínfima, y siempre dentro de valores fisiológicos. Tan es así, que son
muchas miles de veces inferiores a los niveles de seguridad establecidos por la
Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea.
Gracias al desarrollo tecnológico propiciado por la
ingeniería médica, hoy en día se dispone de interferómetros de
superconductividad cuántica, es decir, magnetómetros de altísima sensibilidad
que permiten el estudio de las emisiones de los campos electromagnéticos de los
seres vivos.
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